Folclore y artesanía
FOLCLORE
El folclore canario tiene clarísimas influencias peninsulares (españolas y portuguesas), pero ha bebido también en las fuentes de América del Sur, con la que tantos lazos unen al Archipiélago, y hunde sus raíces últimas en los ritmos autóctonos. Donde más claramente se adivina este recuerdo colectivo prehispánico es en ciertos aires de las islas como El Hierro y La Gomera. De todo ello, surge una música popular con clarísima personalidad, aunque la isa se derive de la jota, o una de las coplas más sentidas por los isleños se llame, precisamente, malagueña, nombre que revela meridianamente su origen. La folía, cadenciosa y sensible, y el tajaraste, alegre y sincopado son los cuatro aires más característicos de este folclore, al que habría que añadir otros no tan conocidos para comprender su riqueza: el tango de la Florida, los aires de Lima, el sirinoque, etcétera.
El instrumento canario por excelencia es el timple, una especie de pequeña guitarra -de cuatro o cinco cuerdas, según las islas- de una extraordinaria sonoridad y cuyas posibilidades como pieza solista han sido exploradas por concertistas como Totoyo Millares, José Manuel Aldana o Benito Cabrera.
En la actualidad el municipio de San Miguel de Abona cuenta con varias asociaciones culturales tales como Guargazal, Chaveña, Ragora, Parranda Aldea Blanca o Amanecer Guanche, dedicadas todas al rescate de nuestro folclore.
ARTESANÍA
Una de las labores más apreciadas por el visitante son el calado y la roseta. La primera es una tarea de bordado basada en una técnica consistente en ir deshilando una tela tensamente sujeta a un bastidor de madera, que requiere gusto, paciencia y precisión.
El resultado se suele aplicar, sobre todo, a la mantelería y es de una gran belleza plástica. La roseta se elabora principalmente en la zona de Vilaflor, y consiste en formar dibujos con hilos que se van cruzando entre alfileres puestos en un pique-pequeño soporte casi esférico realizao en trapo-. Con la unión de estas pequeñas piezas se obtienen paños individuales y composiciones de gran belleza.
Actualmente, el Ayuntamiento de San Miguel de Abona, a través de su Concejalía de Cultura, tiene en funcionamiento una Escuela Municipal de Alfarería Tradicional. La alfarería popular de San Miguel de Abona es un reto para todos los que desde hace años han recibido cursos de iniciación, así como para todas las personas que se sientan atraídas por la cultura que representaron las loceras de San Miguel.
Por el estudio de la cerámica es quizás por donde hemos aprendido a conocer las antiguas civilizaciones y diferentes culturas de los pueblos. Es muy importante conservar nuestras tradiciones porque ellas nos hacen diferentes de otros pueblos, y la de San Miguel es una tradición que se remonta, según el historiador D. Juan Bethencourt Alfonso, a los guanches.
Garañaña, fue el centro alfarero más importante de San Miguel de Abona, pero no el único ya que se localizan otros tres focos: El Drago, El Roque y La Hoya. Estos focos loceros surtieron de lo necesario en toda la comarca de Chasna hasta hace cincuenta y dos años, cuando Dª María A. Martín García, ya muy anciana, dejó de trabajar. Es ahora cuando se ha afrontado el reto de la recuperación de la alfarería de San Miguel de Abona con un total de veintinueve piezas catalogadas.
La recuperación ya está en marcha, pero la conservación a través de la continuidad está en las nuevas generaciones de loceros y loceras que se vayan sumando a este proyecto.